Descripción

La fábrica de fundición de Sargadelos (1791-1875), considerada la primera siderurgia integral de España, y la de loza, levantada en 1804 para producir loza tipo Bristol y más tarde porcelana “china”, son un valioso ejemplo de desarrollo y modernización de la industria nacional, promovidos por las medidas de fomento de la Ilustración. El perímetro de las antiguas fábricas fue declarado en 1972 Conjunto Histórico-Artístico, con la denominación de Reales Fábricas de Sargadelos.

Historia

Antonio Raimundo Ibáñez, marqués de Sargadelos a título póstumo, solicitó al Rey, en 1788, permiso para instalar en Sargadelos una fábrica de hierro y otra de ollas. Tras una primera negativa real, por las protestas de los pueblos del entorno, reiteró la petición a finales del mismo año, y finalmente obtuvo, en 1791, la Real Cédula de concesión. En 1794 construyó un horno alto, el primero levantado en España por iniciativa civil, ya que desde el siglo XVII los había de carácter militar para fabricación de armamento. Además se construyeron dos hornos para la calcinación de los minerales y también uno de reverbero para fabricación de cañones.
En 1809, turbas de vecinos de Ribadeo asesinaron a Ibáñez, acusándolo de afrancesado. Los verdaderos motivos permanecen oscuros pero, en cualquier caso, el rechazo se había manifestado desde los inicios y en 1798 se había producido un asalto masivo tanto a la residencia de Ibáñez como a las fábricas, con incendios y saqueos (Bello Piñeiro, 1922). 
Tras la muerte del fundador, los herederos superan las dificultades iniciales motivadas por el ambiente bélico y de revueltas. Según Hernández Sampelayo (1931), en 1819 trabajaban en Sargadelos 86 operarios. En 1840 se arrienda la fábrica de fundición a la empresa Luis de la Riba y Cia  por quince años. Se impulsó entonces una gran renovación y mejora de la maquinaria que colocó las fábricas en un alto nivel, contando con dos hornos, tres cubilotes y un taller de maquinaria servido por dos máquinas de vapor. 
En cuanto a la fábrica de loza, se componía de una casa con dos patios, hornos, tinglados y oficinas, con molino y máquinas para romper el pedernal y moler barnices. Tras los primeros ensayos de cerámica se trabajó normalmente a partir de 1809. En 1812 se inicia la producción de porcelana “china”. Como en el caso de la fundición de hierro, el arriendo en 1845 a Luis Riba y Cia impulsó significativas reformas: nuevos hornos, máquinas y un nuevo taller para el estampado, llegando a vivir de las fábricas más de mil personas. 
Finalizados los arriendos, Carlos Ibáñez, nieto del fundador, retoma la apertura de nuevo de las fábricas en 1870, pero las dificultades económicas produjeron el cierre definitivo en 1875. Los hornos y edificios se destruyeron para aprovechar las piedras.
 

Yacimiento

Las fábricas de Sargadelos aprovechaban minerales de hierro del Ordovícico que se extraían de pequeñas minas localizadas entre Ribadeo y Viveiro (Schulz, 1835; Rúa Figueroa, 1859; Hernández Sampelayo, 1922). Según Cueto e Irimo (1910) también se empleaban en esta fábrica minerales de Vizcaya. El fundente calcáreo o "castina" procedía de la Vega de Ribadeo (Madoz, 1846-1850). En cuanto al caolín, arcillas y feldespato, utilizados tanto para la fabricación de las piezas refractarias de los hornos como para la fabricación de cerámica, provenían de los yacimientos de arcilla refractaria de Veiga da Vila y Limosa, de los de caolín de Castro Alto, en la parroquia de Lago, y de otras localidades en torno al granito de dos micas caolinizado del Macizo de San Cibrao. 
Se utilizaba como combustible carbón vegetal de la extensa fraga de A Rúa, si bien Rúa Figueroa (1859) señala que en 1841 las fábricas consumían al año unos 60.000 quintales de carbón mineral procedente de Asturias.
 

Laboreo

El orden de carga en el horno alto era el siguiente: primero se vertía el carbón, después la castina o fundente y la metralla (o chatarra) y luego indistintamente mezclados los diversos minerales de hierro utilizados. Se producían dos coladas al día, obteniéndose 80 quintales de fundición. En la Fig. 1 pueden verse los detalles constructivos del horno alto de Sargadelos. 
El transporte de materias primas y de productos elaborados se hacía en carros con tracción animal, entre las fábricas y el puerto de San Cibrao y, desde éste, por barco, a los puertos nacionales y extranjeros.
Al principio la producción del horno alto se centró en la obtención de potes u ollas de fundición. Durante la guerra de la Independencia se inició la fabricaron de municiones que, pasada esta guerra, se simultaneó con la de potes, planchas, tapas, pesas, tubos para la conducción de agua y gas de alumbrado etc. (Hernández Sampelayo, 1931; Madoz, 1846-1850).